Diez mil bitcoins por dos pizzas: lo primero que compró bitcoin, y nadie se dio cuenta
Dos pizzas, diez mil monedas y cuatro días sin que nadie quisiera el trato. El pago sigue en el registro público, así que este artículo lo lee en lugar de repetir la anécdota.
Casi todo lo que se cuenta de esta historia viene de copiar la versión anterior. Y varias cosas se copiaron mal.
Ese pago sigue en la cadena de bloques. Así que en vez de repetir la historia, este artículo va y la lee: los mensajes originales del foro y la transacción misma. Cualquiera puede hacer lo mismo sin tener una sola moneda.
Varias cosas resultaron distintas de la versión que todo el mundo repite, y aquí está dónde difieren.
Una oferta en un foro diminuto
El silencio
La noche del 22
Abrí la transacción dieciséis años después
La dirección sigue recibiendo
Lo que se endureció al repetirse
Cuánto es eso, y qué queda
Los 41 dólares no eran una cotización. La pizzería que todos nombran no aparece en ningún recibo. Y la dirección que la gente cita no es la que pagó.
Tres cosas que se repiten sin comprobar, y las tres se caen al abrir las fuentes.
Las fuentes son los mensajes originales guardados en un archivo web, y el pago que sigue en la cadena de bloques, donde lo leí dos veces el mismo día.

Una oferta en un foro diminuto
Era pasada la medianoche del 18 de mayo de 2010. Un hombre de Jacksonville, Florida, publicó un mensaje en un foro pequeño. Ahí dentro, unos cientos de personas discutían sobre una especie de dinero que llevaba poco más de un año existiendo.

Pago 10.000 bitcoins por un par de pizzas. Dos grandes, así me sobra para el día siguiente.
Se extiende un rato hablando de ingredientes. Cebolla, pimiento, salchicha, champiñones, nada con pescado encima. Una de queso también estaría bien, agrega, que quizá sea más barata de hacer. Lo que quería de verdad era que llegara comida a la casa sin tener que ocuparse él de nada.
Alguien le pregunta en qué país vive. Contesta con su ciudad y su código postal, y esa sola línea dice el tamaño de la sala. Dar tu código postal a desconocidos para arreglar la cena no era raro ahí adentro.
Tampoco era una época rara para hacerlo. Ningún comercio del mundo aceptaba la moneda. Los lugares donde cambiarla por dinero apenas empezaban a existir. Usarla significaba encontrar a una persona en un foro y confiar en ella.
El foro mismo tenía pocos meses. Si miras las cuentas que le respondieron, sus mensajes se cuentan de a decenas y centenas. Nadie en ese hilo imaginó que la escena sería citada en todo el mundo después. Para ellos era un tipo tratando de que le llevaran la cena.
Y él no era un espectador. Trabajaba en el software mismo y quería saber si eso en lo que venía trabajando servía para algo fuera de la pantalla. Lo que estaba probando no era el programa. Era si un desconocido del otro lado le seguiría el juego.
El silencio
Y entonces no pasó nada.
Pasó un día, y otro. Ninguna pizza.
La noche en que se publicó la oferta, una cuenta con diez mensajes respondió al pasar. Diez mil era bastante, decía, y podía venderlos en un sitio de intercambio por 41 dólares ahora mismo. Y al final una pequeña burla: suerte con tu pizza gratis.
Quédate con esa línea. Los 41 dólares que hoy acompañan esta historia en todas partes salieron exactamente de ahí. No era una cotización oficial, nadie operó a ese precio, y quien lo escribió estaba calculando al pasar, cuatro días antes de que existiera ninguna pizza.
Un lector europeo se ofrece a ayudar pero no logra entender cómo pagarle a una pizzería estadounidense desde el otro lado del Atlántico. ¿Le aceptarían una tarjeta extranjera por teléfono? El hombre responde con paciencia que muchos locales ya tomaban pedidos por internet. La conversación se corta ahí.
Otro deja un chiste de una línea sobre si alguien conoce peluqueros que coman pizza. Era un chiste, y ese era realmente el clima del hilo. Nadie tomó la oferta en serio.
Pasan otros dos días. En un foro, cuatro días son mucho tiempo. El mensaje ya estaría cayendo hacia el fondo de la página.
La noche del 21 de mayo vuelve a su propio hilo y escribe esto:
¿Entonces nadie quiere comprarme una pizza? ¿La cantidad de bitcoins que ofrezco es demasiado baja?
Léelo otra vez. Le preocupaba que diez mil bitcoins no alcanzaran para interesar a nadie en pedirle la cena. Al precio que veía en mi pantalla mientras escribía esto, esa oferta valía alrededor de 13,1 mil millones de pesos mexicanos. Estuvo cuatro días ahí y nadie la quiso.
Dos horas después explica su motivo en una sola línea, y esta es la parte que suele recortarse de los resúmenes:
Me parecería interesante poder decir que pagué una pizza con bitcoins.
No intentaba ganar dinero ni perderlo. Quería poder decir la frase. ¿Esto compra una cena o no? Esa es la clase de pregunta que solo se resuelve haciéndola, y hacerla requería que alguien más dijera que sí.
La noche del 22
La noche del 22 de mayo vuelve a publicar.

Quiero avisar que cambié con éxito 10.000 bitcoins por pizza.
Hay un enlace a fotos. Agradece por su nombre de usuario a quien lo organizó. Tres horas más tarde uno de los primeros desarrolladores responde en corto: felicitaciones, un hito alcanzado. El hilo sigue con otros temas.
Nadie en esa sala pensó que la fecha se recordaría cada año. Un aviso de que llegaron dos pizzas, y una línea de felicitación. No hubo aniversario, ni nombre para el día, ni etiqueta. Todo eso se le fue pegando a lo largo de dieciséis años.
El propio hombre no dice nada más sobre el asunto en el hilo. Hizo la cosa, la reportó, y listo.
Mientras tanto, en un lugar donde nadie estaba mirando, había pasado una cosa. El pago entró en el registro a las 2010-05-22 18:16:31 UTC, en el bloque 57.043. Desde entonces se apilaron 910.360 bloques encima, y el asiento quedó abajo tal como se escribió.
Esa es la mitad que podemos revisar en lugar de repetir.

Abrí la transacción dieciséis años después
Así que la abrí. No hace falta cuenta ni tener nada. Pegás el identificador de la transacción en un explorador de bloques y aparece la misma pantalla desde cualquier país. La leí dos veces el mismo día para confirmar que los valores se repetían. Acá está la transacción.
Lo que aparece no tiene nada de espectacular. Una hora, un número de bloque, una lista de lo que entró y otra de lo que salió. Es más simple que un resumen bancario.
Un bloque es un paquete de transacciones envueltas juntas. Se cierra un paquete nuevo cada diez minutos aproximadamente, y una vez cerrado el contenido no cambia. Por eso este resumen no se movió ni una letra en dieciséis años.
Empecemos por lo que salió. Hay una única salida: exactamente 10.000 monedas, a una dirección. Sin vuelto, sin segundo destinatario, sin partir nada. Un número redondo saliendo de una billetera de una sola vez.
Fue el lado de entrada el que me dejó ahí un rato. El pago se armó con 131 pedazos sueltos, y todos salieron de la misma dirección.
Aquí las monedas no son un saldo en una cuenta. Una billetera guarda un montón de trozos separados, cada uno sobrante de algún pago anterior. Para enviar una cantidad hay que juntar trozos suficientes. Se parece más a pagar con los billetes del bolsillo que a una transferencia bancaria.
Por eso la forma del lado de entrada muestra qué había en ese bolsillo. El pedazo más grande era de 3.753,88 monedas. Después una fila de trozos grandes y redondos. Y al final 111 pedacitos de 0,01 monedas cada uno, que suman 1,11 monedas entre todos.
Esos ciento once restos son a los que vuelvo. Alguien rebuscó en los rincones de una billetera para llegar a un número redondo. Lo hizo para pedir la cena.
También hizo que la parte anterior de la historia se leyera distinto. La imagen que suele transmitirse es la de un tipo tirando diez mil monedas como si no fueran nada. La forma que quedó en el registro no es esa. Es la de alguien contando pedazos para llegar a un número que había prometido.
Y hay algo más que nadie menciona. Si sumas las entradas te da 10.000,99 monedas. La salida es 10.000. La diferencia, 0,99 monedas, quedó sobre la mesa para quien minara el bloque.
Así funcionan las comisiones aquí. No hay una casilla donde escribir una. Todo lo que metes y no envías se convierte en la comisión, y en 2010 el programa era descuidado con las sobras porque no valían nada para nadie. Al precio del momento en que lo revisé, esa sobra son 1.299.311 pesos mexicanos.
La otra cosa que conviene saber es que la comisión casi no depende del monto enviado. Se cobra por el lugar que ocupa la transacción en el bloque. Esta pesaba 23.620 bytes, bastante, porque describir 131 entradas ocupa espacio. La misma regla sigue corriendo hoy y es la razón de que las comisiones de red se comporten como se comportan.
| Campo | Lo que dice el registro |
|---|---|
| Bloque | 57.043 |
| Hora anotada en el bloque | 2010-05-22 18:16:31 UTC |
| Entradas | 131 pedazos, todos de una dirección |
| Pedazo más grande | 3.753,88 monedas |
| Pedazos más chicos | 111 de 0,01 monedas, 1,11 en total |
| Total que entra | 10.000,99 monedas |
| Salida | 10.000 monedas a una dirección |
| Comisión | 0,99 monedas |
| Tamaño | 23.620 bytes |
Quedaba una última cosa al final. Las diez mil monedas llegaron a esa dirección y volvieron a salir en el bloque siguiente, unos 9,6 minutos después. Salieron en dos pedazos, 5.777 y 4.223 monedas, y una de las direcciones a las que fueron se vació por completo esa misma noche.
Eso no dice quién era nadie. Una dirección no es una persona, y el registro solo muestra que unas monedas se movieron entre direcciones. El tiempo igual dice algo. Nadie trató estas monedas como un trofeo. Llegaron, se partieron en piezas utilizables en menos de diez minutos y siguieron circulando.
La billetera que pagó pone la escala en su lugar. A lo largo de su vida esa dirección recibió 81.432 monedas en 3.355 transacciones, y hoy le queda polvo. Esto no eran los ahorros de una vida guardados con cuidado. Era una billetera en uso intenso.
Si quieres verlo tú mismo, es tan buen momento como cualquiera. Abre un explorador de bloques, toca la transacción enlazada arriba y después la dirección que recibe. Verás la pantalla que vi yo. Sirve cualquier explorador, porque todos leen el mismo registro.
Binance
Bybit
La dirección sigue recibiendo
Di por hecho que la dirección que recibió las monedas era un callejón sin salida. La abrí para confirmarlo y seguir.
No lo era.
Llegó dinero ahí 15 veces distintas desde aquel día de 2010. Poco dinero: 0.00379983 monedas en total. Pero sigue llegando, repartido en 7 años diferentes.
| Fecha | Monedas | Satoshis | Cayó un 22 de mayo | Pagó a muchas direcciones a la vez |
|---|---|---|---|---|
| 2015-04-19 | 0.0001 | 10.000 | ||
| 2017-07-04 | 0.001 | 100.000 | ||
| 2018-10-23 | 0.00001111 | 1.111 | ||
| 2020-02-04 | 0.00141482 | 141.482 | ||
| 2023-01-24 | 0.00001 | 1.000 | sí | |
| 2023-05-22 | 0.00000546 | 546 | sí | |
| 2024-05-22 | 0.00000546 | 546 | sí | |
| 2024-05-25 | 0.00000546 | 546 | ||
| 2024-05-25 | 0.00000546 | 546 | ||
| 2024-07-07 | 0.00000546 | 546 | sí | |
| 2024-10-07 | 0.0000101 | 1.010 | ||
| 2024-12-13 | 0.00000546 | 546 | sí | |
| 2026-03-31 | 0.00000571 | 571 | sí | |
| 2026-05-22 | 0.00055097 | 55.097 | sí | |
| 2026-05-22 | 0.00066436 | 66.436 | sí |
Las fechas son donde esto gira. 4 de esas llegadas cayeron un 22 de mayo, el aniversario del pago.
Dos entraron el mismo día con menos de una hora de diferencia, y son los dos regalos más grandes de la lista. Si esos dos se conocían, o si cada uno recordó la fecha por su cuenta, no está escrito en el registro. Lo que está escrito es que la misma tarde dos personas pensaron en la misma dirección.
Mira la columna de satoshis y vas a ver que 6 de esos pagos son de exactamente 546 satoshis.
Un satoshi es la unidad más pequeña que el sistema sabe escribir, la cienmillonésima parte de una moneda. 546 no es una cifra que alguien elija por casualidad. Es el piso por debajo del cual la red considera que una salida es polvo y se niega a transmitirla. Seis personas distintas mandaron la cantidad más chica que es físicamente posible mandar.
Nadie está enriqueciendo a nadie. Están firmando un libro de visitas. Alguien averiguó cuál es el gesto más pequeño que la red permite y lo hizo, en la dirección donde aterrizó la primera compra de verdad. No hay ninguna placa en ningún lado. La dirección es la placa, y cualquier persona del mundo puede agregarle un nombre.
Lee la tabla por año y aparece otra cosa. Las llegadas de 2015, 2017, 2018 y 2020 caen en fechas dispersas: abril, julio, octubre, febrero. Había gente que conocía la dirección y le mandaba algo, pero nadie estaba mirando el calendario. Las llegadas del 22 de mayo empiezan en 2023, y desde entonces aparecen ese día todos los años. Nadie lo anunció. Las fechas se juntaron solas.
Acá tengo que ser honesto con una cosa, porque sería fácil dejar la historia más linda de lo que la evidencia permite. No toda llegada es un homenaje. Hay quienes mandan cantidades mínimas a direcciones conocidas en bloque, cientos a la vez, por motivos que no tienen nada que ver con el sentimiento. Contar eso como peregrinos sería inflar mi propia historia.
Así que tracé una línea que puedo enunciar sin vueltas. Una transacción que paga a diez o más direcciones al mismo tiempo cuenta como difusión y no como regalo.
Con esa regla, 4 de las 15 llegadas fueron difusiones. Dos pagaron a más de cien direcciones en una sola transacción, una de ellas a 201. Las 11 restantes parecen deliberadas y suman 0.0037732 monedas entre todas.
Es una corazonada vestida de aritmética y tiene bordes blandos. Alguien sincero podría usar una billetera que agrupa pagos, y quien difunde polvo apuntando a una dirección por vez pasaría limpio por mi filtro. La cadena registra montos y direcciones, nunca motivos. Lo que sobrevive es el calendario. Una difusión automática no sabe qué día es.

Lo que se endureció al repetirse
Esta historia se repite miles de veces al año y cada versión copia a la anterior. Los datos se endurecen mientras viajan. Leyendo el original encontré varios que ya habían fraguado.
El que fraguó más duro son los 41 dólares. Como viste, salieron de una cuenta con diez mensajes, calculando al pasar, cuatro días antes de que llegara ninguna pizza.
También fui a buscar la cotización real de mayo de 2010. Un servicio llevado a mano publicaba un precio para la moneda en esa época y sus páginas viejas están guardadas en un archivo web. El texto explicativo sigue ahí, y las instrucciones para operar con el dueño también. La tabla de precios en sí no sobrevivió en la copia que pude leer. Por eso este artículo no dice cuánto valían entonces.
La cadena de pizzerías es el mismo tipo de problema. Muchos artículos nombran una marca, y una marca aparece en el hilo. El contexto es otro: el comprador estaba explicando que muchas pizzerías ya tomaban pedidos por internet y nombró una que usaban en su casa. Eso no es un recibo. No sé qué llegó a esa puerta.
Las direcciones también se intercambian. Él llevaba una dirección de donaciones en la firma de cada mensaje, y esa no es la que financió el pago. Si las comparás, los historiales difieren. El error es fácil de cometer, porque la de la firma es la que queda impresa dentro del texto citado y es la que la gente copia.
También vas a leer que las diez mil monedas siguen en esa dirección. No siguen. Se fueron diez minutos después de llegar. Lo que hay hoy es el vuelto que la gente le fue mandando.
Y después está la fórmula que llama a esto el peor negocio de la historia. Esa es la que menos me gusta, y no solo por antipática. Invierte el orden de los hechos.
Las monedas no tenían un precio real que él dilapidó. Fue a averiguar si podían llegar a tener precio, y le llevó cuatro días de no conseguir regalarlas. Llamar error al resultado exige conocer de antemano la respuesta a la pregunta que estaba haciendo.
Cuánto es eso, y qué queda
Ahora la parte con fecha de vencimiento. Todo lo anterior está fijo en el registro y se leerá igual dentro de diez años. Los números de abajo eran ciertos en el momento en que los revisé y ya están un poco desactualizados.
Los precios se tomaron de 4 fuentes públicas a la vez, el 2026-09-17 11:38 UTC. El registro de la cadena se consultó dos veces el mismo día para comprobar que los valores se repetían.
| Qué | En monedas | En pesos mexicanos | En pesos argentinos |
|---|---|---|---|
| El pago | 10.000 | 13,1 mil millones | 1,2 billones |
| La comisión que quedó | 0,99 | 1.299.311 | 120.666.193 |
| Una moneda entera | 1 | 1.312.435 | 121.885.044 |
Los precios locales salen de los libros públicos de dos mercados que cotizan en esas monedas. El precio en dólares lo tomé de 4 fuentes a la vez y las cuatro discrepaban entre sí un 0,096 por ciento. No existe un precio oficial único para este activo, y eso solo ya da para otro artículo.
Al convertir notarás algo más. El precio local casi nunca coincide con el precio en dólares pasado por el tipo de cambio publicado, y suele quedar por encima. A ese sobreprecio se le dice prima, y no está en la cripto: está en lo que cuesta comprar dólares con la moneda local. En Argentina esa diferencia fue la más marcada de los ocho mercados que medimos.
No voy a hacer la cuenta de cuánto valdrían esas monedas si las hubiera guardado. Es una multiplicación y acabo de darte los dos números.
Lo que esa cuenta esconde es que las monedas llegaron a valer algo más tarde porque antes pasaron cosas como esta. En mayo de 2010 no había precio digno de ese nombre, porque no había nada que comprar. Una moneda que no compra la cena es una planilla de cálculo. Alguien tenía que ir primero, e ir primero significaba entregar una cantidad que parece absurda una vez que la cosa tiene precio.
Los cuatro días de silencio miden eso mejor que cualquier gráfico de la época. Diez mil monedas no conseguían que llegara una pizza. Eso valía el activo en la práctica, y nada lo dice tan claro como un hombre preguntándole al foro si debería ofrecer más.
Leer una historia es mala razón para cambiar lo que haces con tu dinero. Aun así, tres cosas de esta son prácticas.
Terminarás manejando satoshis aunque no te des cuenta. Una moneda son cien millones de ellos, y el piso de 546 satoshis de este artículo es un límite real. Te chocas con él cuando un resto mínimo se niega a moverse.
Las comisiones se cobran por tamaño y no por monto. Un pago cosido con muchos pedacitos sale más caro que uno grande y limpio, que es también por qué mover monedas entre exchanges cuesta lo que cuesta.
Y la dirección es toda la instrucción. El pago de 2010 fue adonde decía la dirección, en diez minutos, sin nadie a quien llamar. Por eso equivocarse de dirección o de red es el error que conviene mirar dos veces.
Una cosa más. Nada de lo que hay en este artículo se vio con un acceso especial. La transacción, el historial de la dirección, dieciséis años de fechas de llegada: todo está abierto. Nadie tiene que dejarte entrar. Probablemente esa sea la mitad de la razón por la que la historia sigue viva: todos podrían limitarse a copiar la versión anterior, y sin embargo el original está ahí para comprobarlo.
Yo archivaba esto entre los errores caros. Después de leer el hilo y el registro lo archivo entre los experimentos, y eso me cambió la pregunta que le hago a cualquier moneda que me cruzo.
No cuánto vale. Qué puede hacer, y quién aceptó últimamente que lo hiciera. En mayo de 2010 la respuesta honesta para bitcoin era casi nada, y un hombre demostró que podía hacer exactamente una cosa, una vez, con un desconocido, para cenar. Todo lo demás es una nota al pie.
Si estás empezando, lo aburrido pesa más que la anécdota: cómo se compra de verdad, dónde vive una vez que es tuyo y cuándo vale la pena un aparato aparte.
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